EL primer mes del año suele ser el más frio para muchas regiones del hemisferio norte y, además, un periodo de inicio y buenos propósitos. ¿por qué no comenzar por organizar una despensa cargada de alimentos deliciosos, nutritivos y Ilenos de energía? Aquí os dejo algunas sugerencias.

Dátiles: energía compacta


Esta fruta, procedente de la palmera datilera, supone un alimento importante en los países de la región del Magreb y es considerada como un edulcorante natural por su cantidad de azúcar, que llega a alcanzar el 70%. Por tanto, su valor nutritivo y energético se encuentra fuera de toda duda y, a pesar de que muchas veces se consume en épocas muy determinadas, lo cierto es que es adecuado incluirlos en la dieta habitual, en especial cuando se practica deporte. Sus virtudes nutritivas pasan por su importante cantidad de fibra soluble, sus fitonutrientes con efectos antioxidantes y sus ácidos grasos cardiosaludables.

Mandarinas: vitamina C


Cítrico invernal por excelencia, su pequeño tamaño no debe engañarnos porque es una fruta rica en propiedades. Su piel es gruesa y rugosa, y su color naranja fuerte. Normalmente, suelen estar compuestas por 10 o 12 gajos y tienen un sabor jugoso, refrescante y ligeramente ácido. Fuente natural de vitamina C, protegen contra los resfriados invernales y, además contienen propiedades antioxidantes que previene enfermedades degenerativas. También hay que tenerlas en cuenta por su riqueza en fibra. Las variedades más consumidas por excelencia son las satsumas, las más precoces, y las clementinas, tardías y de menor tamaño, pero, habitualmente, más dulces.


Tapioca: tubérculo proteico


La yuca, un tubérculo de origen tropical y especialmente apreciado en países de Sudamérica, África y Asia, es la fuente de donde procede la tapioca. Se trata de un almidón con forma de perlas blancas que constituye la base de la alimentación para unos 800 millones de personas en todo el mundo. Cuando se cocina, adquiere un color transparente y una textura suave y gelatinosa muy característica. Con ella es posible realizar sopas, pudin y hasta una papilla con leche que aporta una gran cantidad de hidratos de carbono. Se encuentra exenta de grasas y es rica en minerales como el potasio y vitaminas del grupo B.

Mantequilla: leche cremosa


Hablar de la mantequilla es hacerlo de un ingrediente básico para la preparación de múltiples platos en determinadas gastronomías y de un acompañamiento para desayunos y meriendas. Concretamente, es la sustancia grasa que se extrae de la leche de vaca mediante el procedimiento de agitación. La nata de la leche se bate hasta que se obtiene una crema de color amarillento y con una consistencia especialmente sólida. Aunque se trata de un producto rico en grasas, y por ello es aconsejable un consumo moderado, en algunas regiones como Holanda, Francia e Irlanda se considera como una autentica delicatesen y se elabora de la forma más tradicional.


Salchichas: la carne alargada


Este preparado cárnico tiene como base la carne picada, vacuna o porcina, y otras partes del animal. La carne se introduce en un envoltorio alargado que, normalmente, procede de la piel de intestino del animal utilizado para su elaboración, aunque también se pueden emplear otros materiales como célulosa o colágeno. Sus diversas variedades hacen de las salchichas un alimento muy socorrido cuando se trata de aportar valores nutritivos a los más pequeños. Las hay con diferentes tipos de queso, con jamón, más gruesas, más estrechas e, incluso, de pequeño tamaño, de coctel. Y es indudable que pensar en ellas es hacerlo en forma de perritos calientes o hot dogs, conocidos en todo el mundo gracias a la tradición norteamericana.

Anchoas: un boquerón muy salado


Aunque muchas veces es un dato desconocido, las anchoas se preparan con el boquerón mediante tratamiento de salazón. La mejor época para pescarlos es en los meses de primavera y verano, cuando cuentan con más materia grasa y ascienden hacia la superficie para reproducirse. Su sabrosa carne y aroma hacen de ella un manjar apreciado especialmente en la cocina mediterránea. A día de hoy su preparación continua realizándose de forma artesanal, sumer-gidas en aceite de oliva virgen, en latas o tarros de cristal. Al tratarse de una semiconserva, lo ideal es mantenerlas en el frigorífico a una temperatura media de 5 grados.


Verdadero o falso:
Comer en Invierno



Los cambios estacionales ejercen un poderoso impacto en nuestra existencia. La alimentación, uno de los ejes sobre los cuales gira nuestra vida, es un buen ejemplo de ello. Así experimentamos cambios más o menos importantes en las apetencias, los tipos de alimentos, las formas de preparación, los ritmos de las comidas ..... Pensando en clave invernal, la adaptación de la especie humana al frio ha sido una lucha sin cuartel en la que se ha puesto a prueba nuestra capacidad de adaptación e inteligencia al servicio de la salud y el bienestar.

Falso Con el invierno nuestras necesidades energéticas aumentan mucho.

Cada vez hemos ido encontrando mejores soluciones para defendernos de las bajas temperaturas. Esto explica que hoy, amortiguados en gran medida muchos factores ambientales, ningún manual de dietética 0 tratado de nutrición proponga unas recomendaciones nutricionales distintas para las diferentes estaciones del año. Por lo que al balance energético se refiere, si bien es verdad que la exposición a bajas temperaturas desencadena la puesta en marcha de mecanismos corporales que requieren energía, con los sistemas de protección actuales, la partida del gasto energético ligado a la termorregulación no experimenta un cambio sustancial con la llegada del frio.

Falso En invierno podemos dejar de comer frutas y hortalizas crudas.

A pesar de la época sigue siendo importante comer alimentos crudos. Prescindir de ellos es un error, puesto que disminuye la calidad nutricional de la dieta al reducir la gama de alimentos disponibles, es decir, la variedad, y también la presencia de alimentos con todo su contenido vitamínico y mineral. Para favorecer su consumo podemos recurrir a varias estrategias: Guardar las piezas de fruta y las hortalizas fuera de la nevera o sacarlas de ella con antelación, lavar las hortalizas con agua tibia, para frutas como naranjas, pomelos o mandarinas podemos someterlas a un suave baño maría un momento antes de pelarlas (esta técnica también se puede utilizar para templar los zumos), empezar la comida con platos más reconfortantes e ir comiendo la ensalada como acompañante, preparar ensaladas tibias, para lo cual la clave está en mezclar con los alimentos crudos alimentos cocinados, que ayudan a templar algo la temperatura.

Fuente: Cocina sana y natural

Francesc Fossas, especialista en dietética

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2 Comments:

  1. Luis said...
    Hola Mar, pues yo debo contradecirte pero si creo que con el invierno las necesidades energeticas aumentan sencillamente porque la temperatura exterior al cuerpo disminuye de manera que hay que compensar esa perdida de calor. Y si bien es cierto que la tecnologia ha aumentado hasta el punto de incrementar la temperatura exterior, tambien es cierto que no en todos los hogares existen sistemas de calefaccion que nos permitan estar en manga corta. Lo cual hace que en invierno nos entren mas ganas de comer caliente y mas abundante que en verano que solo deseamos beber y comer fruta fresca. Yo creo que el hombre, esa batalla aun no la ha ganado (yo sin ir mas lejos en mi casa hay de media en invierno 16 grados mientras que en verano no bajo de 30 grados-no tengo aire acondicionado-y creeme que bajo esas temperaturas el gasto corporal es muy distinto).
    Saludos
    Mar said...
    Hola Luis..

    Hombre, tu contradiciéndome, que raro jajajaja

    Cierto, si no tienes los adelantos tecnológicos a tu alcance es normal que tengas la necesidad de antaño de tomar alimentos más energéticos.. pero por lo general salimos de casa con la calefacción o estufa puesta, nos metemos en el coche con la calefacción a tope y llegamos al trabajo donde estaremos calentitos con la temperatura adecuada y a veces demasiado alta, nos vamos de compras y ahí también hay buena temperatura, sobre todo si vamos a grandes superficies.. por la calle solemos andar poco en invierno y tenemos ropa de abrigo que nos protege de las bajas temperaturas..

    Yo tengo más necesidad de comer alimentos calientes que en verano, pero no más energéticos.

    Saluditos.. ;)

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